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  • La Visa Matrimonial

    Parte: 1, 2, 3


    Sue Marks y su esposo Juan Videa hojean la pila de papeles que eran parte del pedido de visa de Videa.
    Foto de Nancy Rosenbaum

    Una soleada mañana de fin de semana, Sue Marks y su esposo Juan Videa están sentados a la mesa, en la cocina de su casa en Duluth, Minnesota. Juan, de 31 años de edad, se ata los cordones de sus zapatillas de fútbol nuevas y se prepara para salir en su automóvil e ir al partido que se juega cerca de su casa. Cuando la pareja se conoció en 2003 las cosas eran diferentes. Juan era un inmigrante hondureño ilegal. No tenía licencia para conducir ni tarjeta del Seguro Social, y dependía de Sue y de otras personas para poder movilizarse. Encontrar trabajo en el norte de Minnesota fue difícil. "Pero ahora voy a jugar, voy a trabajar", dice Juan… "Hago muchas cosas. Me siento libre".

    Hoy Juan tiene su tarjeta verde (green card). Pero hasta hace poco, la pareja vivía con la carga que representaba la situación vulnerable de Juan de ser un inmigrante ilegal. Casarse con Sue, en 2006 no cambió las cosas.

    "La gente piensa que es fácil" dice Sue, de 30 años. "Creían que al casarnos sería más fácil para Juan convertirse en ciudadano estadounidense".

    Pero no fue tan fácil.

    Enamorarse

    Sue y Juan se conocieron a través de sus respectivos hermanos. El hermano mayor de Sue conoció a la hermana menor de Juan a fines de la década de 1990 cuando el joven formaba parte del Cuerpo de Paz en Honduras. Después se casaron y se fueron a vivir a Colorado donde formaron una familia.

    Juan realizó el peligroso viaje desde Honduras hasta los Estados Unidos en el año 2000. Viajó con un grupo que cruzó la frontera estadounidense por el Río Grande. Como Juan no sabía nadar, cruzó en canoa. Llegó a Colorado y se fue a vivir con la hermana.

    En Colorado, Juan trabajaba en la construcción y ayudaba con las tareas de la casa. Durante el verano de 2003, Sue visitó varias veces a su hermano y a su cuñada. Sue y Juan pasaron mucho tiempo juntos ese verano; jugaban al fútbol y compartían tiempo con sus sobrinas y sobrinos. Poco después nació el romance. "Juan era tan tímido que yo tenía que tomar la iniciativa", recuerda Sue. "Decidimos que podíamos empezar a salir porque nos llevábamos muy bien cada vez que nos encontrábamos".

    La decisión no fue muy fácil para Juan. Sue explica que Juan estaba preocupado por ofender al hermano de Sue en caso de que la relación no funcionara. Pero decidió correr el riesgo. Una noche, Juan habló en privado con el hermano de Sue. "¿Te acuerdas cuando te casaste con mi hermana?", le preguntó Juan. "Bueno, ahora me voy a desquitar".

    Grandes decisiones

    En 2005, Juan se mudó a Minnesota para vivir con Sue. La pareja tenía planes de casamiento y empezó a consultar con abogados especializados en temas inmigratorios. Se enteraron de que Juan tendría que salir del país para presentar su solicitud de visa. El caso era complicado porque Juan había estado viviendo ilegalmente en los Estados Unidos. Una de las disposiciones del Departamento de Seguridad Interior estipulaba que una vez que se marchara, Juan no podría volver a ingresar al país durante diez años.

    Pero éste no era el único obstáculo en el camino de Sue y Juan.

    Se enteraron de que el proceso total de solicitud de la tarjeta verde podría llevar de seis a ocho años si presentaban la solicitud en los Estados Unidos. "Hay muchos casos y no suficientes empleados para que los trámites se agilicen", explica Sue. Y en cualquier momento Juan podía ser deportado por ser un inmigrante ilegal.

    La pareja decidió que no quería vivir bajo la amenaza permanente de la posible deportación de Juan. "Quedarnos y presentar la solicitud no era una buena opción para nosotros", dice Sue. "Un largo proceso inmigratorio puede poner mucha presión en una relación de pareja".

    Analizaron las posibilidades que tenían y decidieron acelerar el proceso presentando la solicitud en Honduras, donde los funcionarios estadounidenses tienen menor cantidad de casos para analizar. "En los Estados Unidos, hay que competir con casos de todo el mundo", dice Sue. "La espera es más corta cuando tienen que revisar únicamente los casos de un país".

    Los abogados inmigratorios les advirtieron que corrían un riesgo enorme al salir del país. Si se les negaba la dispensa, Juan no podría volver a ingresar en los Estados Unidos durante diez años.

    Mientras la pareja planeaba el casamiento, recibieron una noticia terrible. El hermano menor de Sue había desaparecido en Hawaii. En noviembre había viajado solo a la isla de Kauai para hacer senderismo pero para diciembre nadie sabía nada de él. Sue postergó el casamiento y viajó a Kauai con otros miembros de la familia para realizar la búsqueda. Pasaron tres semanas rastreando las islas a pie y en helicóptero. Sue cree que su hermano murió mientras descendía por las exuberantes pendientes del Valle del Kalalau. El cuerpo nunca apareció.

    De regreso en Colorado, Juan y Sue se casaron con una sencilla ceremonia y tres días después, tomaron un avión con destino a Honduras, con la esperanza de obtener una tarjeta verde para Juan desde el extranjero.


    Continúe a la parte 2